Puede que alguna vez hayas conseguido algo y, en lugar de pensar «me lo he currado», hayas pensado: «He tenido suerte».
O que alguien haya valorado tu trabajo y tu primer impulso haya sido quitarle importancia.
«Bueno, tampoco es para tanto».
O quizá estés a punto de hacer algo nuevo y aparezca una pregunta:
¿Quién soy yo para hacer esto?
Todo esto puede estar relacionado con lo que conocemos como síndrome de la impostora.
¿Qué significa realmente el síndrome de la impostora?
El síndrome de la impostora describe una experiencia psicológica en la que nos cuesta reconocer como propios nuestros logros y capacidades.
Podemos tener experiencia, conocimientos o resultados y, aun así, sentir que no somos tan buenas como los demás creen.
Como si hubiera una distancia entre lo que hemos demostrado que sabemos hacer y lo que sentimos que somos capaces de hacer.
Y entonces buscamos explicaciones fuera:
He tenido suerte.
Me han ayudado.
No era tan difícil.
Cualquiera podría haberlo hecho.
Todavía me queda muchísimo por aprender.
El problema no está en querer seguir aprendiendo.
El problema aparece cuando nunca sentimos que sabemos suficiente para permitirnos ocupar nuestro lugar.
¿Por qué se llama síndrome de la impostora?
El concepto empezó a estudiarse en psicología a finales de los años 70, inicialmente en mujeres con un alto rendimiento profesional.
Sus investigadoras observaron algo llamativo: mujeres que tenían evidencias objetivas de su capacidad seguían sintiendo que no merecían sus logros o temían que, en algún momento, los demás descubrieran que no eran tan competentes como parecían.
Y no hablamos precisamente de mujeres con poca experiencia.
Michelle Obama también ha hablado públicamente de haber sentido síndrome de la impostora a pesar de todo lo que había conseguido.
Y como ellas, muchas otras mujeres conocidas internacionalmente.
Pero no hace falta llegar hasta ahí.
También nos pasa a nosotras.
Yo te reconozco que convivo con mi impostora prácticamente cada día. Hay días que habla bajito y otros en los que parece coger un megáfono.
Y quizá eso sea lo más curioso de este fenómeno: puedes tener delante todas las pruebas de que eres capaz y seguir sintiendo por dentro que todavía tienes algo que demostrar.
Una pequeña aclaración que me parece importante:
Aunque lo llamemos síndrome, no es un diagnóstico clínico ni un trastorno mental reconocido como tal.
Es una forma de describir una experiencia que muchas personas podemos vivir en determinados momentos.
El síndrome de la impostora no significa que seas incapaz
Para mí, esta es una de las ideas más importantes.
Sentirte incapaz y ser incapaz no son lo mismo.
Puedes sentir miedo antes de dar una formación y estar perfectamente preparada para impartirla.
Puedes dudar antes de subir el precio de tu servicio y que tu trabajo tenga ese valor.
Puedes pensar que todavía no sabes suficiente y llevar años acumulando conocimientos y experiencia.
La emoción es real.
Pero eso no significa que todo lo que esa emoción te cuenta también lo sea.
Cuando emprendes, puede hacerse todavía más evidente
Crear algo propio nos expone muchísimo.
Ya no hay una empresa detrás.
Eres tú diciendo:
Esta es mi idea.
Este es mi trabajo.
Esto es lo que sé.
Y esto es lo que vale.
Por eso el síndrome de la impostora puede aparecer cuando empezamos a vender nuestros servicios, comunicar en redes, crear una marca personal, cobrar más, enseñar lo que sabemos o asumir un nuevo papel profesional.
Y quizá la pregunta no sea:
¿Cómo consigo no volver a dudar nunca de mí?
Quizá podamos empezar por otra:
¿Puedo sentir esta duda sin dejar que decida por mí?
Porque tener miedo no invalida todo lo que sabes.
Y estar aprendiendo tampoco te convierte en una impostora.
Te convierte, simplemente, en una persona que todavía está creciendo.
Para llevarte contigo
La próxima vez que aparezca ese «¿quién soy yo para hacer esto?», prueba a preguntarte:
¿Qué hechos tengo delante que demuestran lo que sí sé, sí he hecho y sí soy capaz de aportar?
A veces necesitamos salir durante un momento de nuestra cabeza y mirar todo lo que tenemos.
Lau 🌱

